Emotivo traslado de María Santísima de la Victoria a su ermita

La emotiva “romería” de este año en Martos llegó a su fin ayer con el tradicional traslado de María Santísima de la Victoria desde la ermita de la Peña a su casa, la ermita de San Bartolomé. Fue un acto cargado de simbolismo, en el que los hombres tomaron el relevo para portar a la Virgen por las calles de la ciudad.

Los hermanos mayores, pertenecientes este año a la familia Pulido-Ortega, se encargaron de trasladar la venerada imagen desde el camarín de la ermita de la Peña hasta el paso procesional. Una bajada solemne, marcada por la calidez de la tarde veraniega, que realzó aún más la figura de la Virgen. Su manto blanco, bordado en oro, relucía con cada paso de sus costaleros, que la llevaban con orgullo y fervor.

El traslado se convirtió en un río de emociones y alegría. Cánticos, fiesta y devoción se entrelazaban mientras los cohetes anunciaban la presencia de la Reina de la Peña en las calles. Numerosos marteños se congregaron en el Molino Medel para ver de cerca a su Madre y acompañarla en su camino.

En este punto, la recibieron el capellán, representantes de las autoridades y de la Unión Local de Cofradías, quienes se sumaron a la procesión hasta la ermita de San Bartolomé. Una vez allí, el repicar constante de las campanas anunciaba que la Virgen ya estaba de vuelta en su casa.

Los cohetes estallaron con fuerza a su entrada en la ermita, desatando toda la emoción contenida durante el recorrido. Como manda la tradición, la Banda de Música Maestro Soler acompañó a los hermanos mayores hasta su casa, poniendo el broche final a esta romería que, un año más, dejó momentos de profunda fe y sentimiento.

Foto Manuel Espejo