Martos vivió ayer un anochecer para la historia. Uno de esos momentos que el tiempo no borra, porque se graban a fuego en el corazón de un pueblo y de sus cofrades. La Semana Santa marteña fue testigo del primer recorrido oficial de la Hermandad Sacramental y Seráfica de San Francisco de Asís y Cofradía de Nazarenos de Nuestro Padre Jesús del Silencio y Nuestra Madre y Señora del Mayor Dolor, con su imagen titular, Nuestro Padre Jesús del Silencio, como protagonista de una procesión que rebosó emoción, fe y esperanza.
La cruz de guía, desnuda pero llena de simbolismo, perteneciente a la Cofradía Seráfica de María Santísima de la Soledad, fue la primera en abrir paso desde la Parroquia de San Francisco de Asís, puntual, solemne, sin estridencias pero cargada de profundidad, marcando el inicio de un cortejo que sin duda será recordado por generaciones.
Las calles de Martos se llenaron como nunca. Desde Campiña hasta Fuente Nueva, pasando por Corral del Concejo, Carrera, San Amador, América, Oro Verde y muchas más, la ciudad entera se volcó en el acontecimiento. Miles de marteños, emocionados, esperaban ver a Jesús del Silencio por primera vez en su recorrido oficial. Y lo que vieron fue mucho más que una imagen: fue una manifestación de fe colectiva, de orgullo cofrade, y de amor profundo a nuestras raíces.
Nuestro Padre Jesús del Silencio apareció imponente, sobre un paso aún en proceso, pero ya impresionante en su presencia. Una estructura de madera de cedro real traída desde Brasil, con esquinas en forma de ménsula que aguardan los ángeles tallados que sostendrán los candelabros superiores. Hoy aún es un bloque en bruto, pero el arte ya late en sus formas, y la emoción que transmite lo llena todo.
Antes de la salida, se celebraron los Santos Oficios en la parroquia y posteriormente se realizó la adoración al Monumento, donde permanece la Sagrada Eucaristía. Fue ese momento íntimo y profundo el que marcó el tono de la jornada: una estación de penitencia desde el recogimiento, el silencio y la oración, acorde con la esencia franciscana que define a esta joven pero poderosa hermandad.
Sin banda de música, sin fanfarria. Solo el eco solemne de la música de capilla, que recorría las calles junto al paso, envolviendo a todos en un ambiente espiritual sobrecogedor. Era como si el silencio hablara, como si la ciudad respirara al ritmo lento y reverente del caminar de los nazarenos.
Y qué decir del cortejo: una estampa de sencillez, humildad y belleza. Los hermanos vestían túnicas de sarga marrón franciscano, de dos metros de cola, recogidas sobre el brazo con elegancia. El antifaz, alzado con un armazón cónico, dejaba ver el escudo bordado de la hermandad con orgullo. El cíngulo blanco, la corona franciscana colgando, y las esparteñas negras completaban una estética cuidada y profundamente coherente con el espíritu franciscano.
Uno de los momentos más emotivos fue ver a tantos nazarenos de otras hermandades acompañando el cortejo. En un gesto de unión, de apoyo y de fraternidad cofrade, la Semana Santa de Martos se mostró como lo que es: un cuerpo único, con muchas almas que laten juntas.
No faltaron los estrenos: desde el nuevo broche de Jesús, hasta detalles en el recorrido y en la organización que dejaron claro que, aunque es el primer año, la hermandad camina con paso firme, sereno y lleno de ilusión.
Y entre el incienso, las miradas emocionadas, los rezos bajitos, los niños sobre los hombros de sus padres, los mayores con lágrimas en los ojos, y el sonido del «Himno Crucis» elevándose en la noche… Martos fue testigo de un nacimiento. El nacimiento de una nueva tradición, de una nueva devoción, de una historia que ayer escribió su primera página.
El camino apenas comienza, pero qué hermoso es cuando se empieza con tanto amor, con tanta entrega y con el alma llena de luz.
¡Enhorabuena, hermanos del Silencio! Martos os abraza. Y ya nunca más su Semana Santa será igual.
📸 Fotografías: Fran Lorenzo





