Hay momentos en la Semana Santa que no se explican… se sienten.
La Cofradía del Santísimo Cristo de la Fe y del Consuelo.
A las 23:00 horas, la Real Parroquia de Santa Marta abría sus puertas en un ambiente completamente sobrecogedor. La oscuridad envolvía la plaza, el público guardaba respeto y todo parecía detenerse en un instante que anunciaba algo diferente.
Y entonces, el sonido.
Las cornetas y tambores rompían la noche anunciando la salida del cortejo, marcando el inicio de una de las estaciones de penitencia más singulares y personales de la Semana Santa de Martos.
Los hermanos comenzaron a avanzar con su característica túnica negra, encadenados en los tobillos, dejando que el arrastre de las cadenas acompañara cada paso. Un caminar lento, serio y cargado de simbolismo, donde la penitencia se hace visible y el respeto del público pasa a formar parte del propio recorrido.
Tras ellos, el Señor.
El Santísimo Cristo de la Fe y del Consuelo avanzaba iluminado por la tenue luz de los cirios, dejando una imagen que, año tras año, consigue sobrecoger a quienes la contemplan. La fuerza visual del crucificado, en mitad de la noche marteña, volvió a convertirse en uno de los momentos más intensos del Jueves Santo.
Durante todo el recorrido, la cofradía mantuvo intacta su esencia:
sin artificios, sin ruido innecesario y con una forma de procesionar muy marcada por la sobriedad, la penitencia y la identidad propia que la caracteriza.
La procesión discurrió con total normalidad por las calles de Martos, dejando imágenes que no necesitan demasiadas explicaciones, porque se entienden desde la emoción, el respeto y la fe.
Una noche distinta.
Una forma única de vivir el Jueves Santo.
Desde MartosDirecto, os dejamos esta galería de imágenes.
📸@d3senfocke





