Juan José Dorado Espinosa emociona con un pregón de gloria profundamente personal y devocional

El pasado domingo, el Teatro Municipal se llenó de fervor y sentimiento con la voz de Juan José Dorado Espinosa, quien fue el encargado de pronunciar el Pregón Oficial de Gloria. Bajo el título no oficial de “Un recorrido por nuestras devociones de gloria… y también por la mía”, Dorado ofreció un pregón íntimo, lleno de emociones, recuerdos y vivencias personales que calaron hondo en el público asistente.

Con un lenguaje cercano, cargado de sensibilidad y fe, el pregonero reflexionó sobre la esencia de la devoción cofrade:

«Porque sí, cofrade, la fe está en lo pequeño, en lo humilde. Al igual que Cristo nació y se colocó en un pequeño pesebre de paja. Ese es el fin que debemos perseguir: seamos fraternidad, seamos amor puro. La gloria de Dios, que vengo aquí a pregonar, está en esos rincones. ¿Por qué no la buscamos y la vivimos intensamente?

Ahora que inicio este pregón, les pido que abran sus corazones, escuchen mi voz y busquen en esos pequeños momentos, esas muestras de fe a nuestras glorias, para conocer el verdadero amor y las grandes gracias que Dios nos regala en cada instante.»

Durante su intervención, Dorado invitó a los presentes a abrir sus corazones para reconocer el amor verdadero en las pequeñas cosas, señalando que es ahí donde se manifiesta la gracia divina. Su pregón, acompañado de referencias personales y profundas, culminó con una bellísima exaltación a María de Nazaret, figura central de su fe y devoción.

“Tu mirada es el repicar de un nuevo septiembre, donde floreces como el lirio tronchado, llenando la estancia como el perfume de nardo del Evangelio…”, proclamó, visiblemente emocionado.

Con estas palabras, cerró su intervención, dejando en el ambiente un eco de júbilo y recogimiento:

«Las glorias son puro júbilo. Las hemos de vivir con intensidad, con amor, con fe. Pero es que, para mí, no hay gloria más grande, ni la habrá, que vivir cada 8 de septiembre contigo, María de Nazaret. He dicho.»

El pregón de Juan José Dorado Espinosa no solo fue una exaltación a las glorias, sino una auténtica declaración de amor a su fe, a sus devociones, y a una vida vivida desde el corazón creyente.