Llega una de las semanas más importantes del año para muchas personas.
Días de fe, de emoción, de reencuentros, de calles llenas, de sones, de silencio, de lágrimas, de promesas y de recuerdos. Pero, sobre todo, días para pararse a pensar qué significa realmente todo esto.
Porque la Semana Santa no es solo una fiesta.
No es solo una foto bonita, una silla, una marcha, un estreno, un aplauso o una publicación en redes.
La Semana Santa es Pasión, Muerte y Resurrección.
Es dolor, sí. Pero también es perdón, esperanza, humildad, caridad, amor y cambio.
Y quizá ahí esté lo que muchas veces olvidamos.
Que no basta con salir detrás de un paso, vestir una túnica, tocar en una banda, llevar una medalla o golpearse el pecho muy fuerte unos días.
Cofrade no es solo quien acompaña a una imagen. Cofrade es también quien intenta vivir el mensaje de Jesús en su día a día.
En cómo trata a los demás.
En cómo habla del prójimo.
En cómo perdona.
En cómo ayuda.
En cómo se corrige a sí mismo antes de señalar a otros.
Porque de poco sirve emocionarse delante de un Cristo o una Virgen si después seguimos instalados en la envidia, el egoísmo, la crítica fácil, la soberbia, la hipocresía, el rencor o la falta de compasión.
Y de eso, si somos sinceros, todos tenemos algo.
Todos tenemos nuestros más y nuestros menos.
Todos fallamos.
Todos cargamos con cosas.
Y precisamente por eso, esta semana debería servirnos para mirar más hacia dentro y menos hacia fuera.
Es tiempo de perdonar.
De pedir perdón también.
De ser más humanos.
De ayudar sin esperar nada a cambio.
De comprender más y juzgar menos.
De acompañar más y señalar menos.
De hablar menos del vecino y mirar un poco más el propio corazón.
También es tiempo de dejar a un lado el ruido.
El del móvil.
El de la prisa.
El de querer verlo todo sin sentir nada.
El de vivir la Semana Santa como una carrera o como un simple plan más del calendario.
No hace falta correr tanto.
No hace falta grabarlo todo.
No hace falta estar en todas partes.
A veces basta con mirar, callar, rezar, sentir y dejarse tocar por lo que pasa delante de nosotros.
En Martos todos nos conocemos.
Sabemos cómo somos.
Y quizá por eso también sabemos lo mucho que nos hace falta vivir estos días con un poco más de verdad.
Como dice ese refrán tan nuestro:
“Martos, con pocos estamos hartos”.
Ojalá esta Semana Santa también nos sirva para cambiar eso.
Aunque sea un poco.
Aunque sea despacio.
Aunque sea empezando por uno mismo.
Desde MartosDirecto, queremos desearos una Semana Santa vivida de verdad.
La de aquí o la de cualquier otro lugar.
Pero vivida sin prisa, con respeto, con fe y con el corazón en su sitio.
Que estos días nos enseñen a ser mejores.
Que sepamos acompañar también en silencio.
Que recordemos que Jesús no vino a dividir, vino a salvar, a perdonar y a amar.
Y que, al final, después de la cruz, siempre llega la Resurrección.
Porque por mucho que discutamos, critiquemos, compitamos, presumamos o guardemos rencor…
al final todos terminamos en el mismo sitio.
Y cuando llega ese momento, ya no importan ni los orgullos, ni las apariencias, ni lo material, ni quién tenía razón.
Nadie se lleva nada.
Solo queda lo que fuimos, lo que dimos, cómo tratamos a los demás y el amor que dejamos en el camino.
Ojalá esta Semana Santa también nos sirva para recordar eso.
🙏 Feliz y santa Semana Santa.
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