Volver al Cabezo: El Sueño de Carmen, una Marteña en Valencia

Nos llega a la sección Redacción Abierta esta emotiva reflexión escrita por una marteña que, desde la distancia, guarda intacto el deseo de volver a vivir la Romería de la Virgen de la Cabeza.

Dicen que hay amores que no se olvidan, y el mío tiene el rostro moreno de una Virgen serrana y el aroma del monte al amanecer.

Soy Carmen, marteña de nacimiento y valenciana por circunstancias de la vida. Pero aunque esté lejos, hay un lugar al que mi corazón regresa cada año sin falta: el Cabezo. Allí, en lo más alto de Sierra Morena, me espera Ella, mi Virgen de la Cabeza, con esa mirada que tanto consuela y esa fuerza que solo entiende quien la ha sentido de verdad.

Desde niña he vivido la romería como algo sagrado. Recuerdo con cariño cómo en casa se hablaba de promesas, de caminos, de cohetes al cielo y de lágrimas contenidas. Las historias de mis abuelos, los preparativos, los cantos… todo formaba parte de una emoción que crecía con los días hasta explotar en devoción cuando asomaba el santuario entre los árboles.

Ahora, desde Valencia, cada mes de abril me vuelvo un poquito más marteña. Me despierto con el alma en Andújar, con los sentidos en la sierra, y con el corazón latiendo fuerte por no poder estar allí. Pero a pesar de la distancia, sigo sintiéndome parte de esa gran familia romera. Porque en el Cabezo no hace falta estar físicamente para sentirlo… aunque, claro, nada se compara con estar allí.

Echo de menos ese primer “¡Viva la Virgen de la Cabeza!” que eriza la piel, el bullicio emocionado de la gente, el polvo del camino y la brisa fresca de la sierra. Echo de menos ver su manto moverse entre vivas, rezar desde lo más profundo y sentir que, por un momento, todo está bien.

La vida me ha traído hasta aquí, pero jamás me ha arrancado el anhelo de volver. Porque sé que algún año, cuando menos lo espere, mis pasos volverán a pisar esa tierra bendita y podré decir, entre lágrimas y sonrisas, “he vuelto, Morenita”.

Mientras tanto, seguiré soñando. Porque el Cabezo no es solo un lugar. Es una parte de mí.

CARMEN – VALENCIA


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